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Posted by on Jul 17, 2016 in Mamá | 8 comments

30 días con mamá en casa

30 días con mamá en casa

 

Unos días antes que Fausto naciera, mi amado esposo presionado por mi, regreso al Perú. Se escapó del trabajo, subió a tres aviones y llegó a tiempo para el nacimiento de su hijo. Cuando regresamos a la casa después de la clínica los dos sabíamos que se tenia que ir pero era yo la que no sabía cuando. Así que Frank dejó pasar unos días y luego me dio la mala noticia, tenía que regresar al trabajo. Entre lágrimas nos despedimos, consolándonos el uno al otro diciendo que los días iban a pasar rápido.

Fausto cumplió diez días de nacido y me quede sola. Ese día, moría de miedo, yo aun estaba en nivel pre básico de mamá ¿cómo me lo iba a dejar a mi no más?. En el transcurso de la tarde llegó mi madre con maleta para 30 días. No se si era una buena idea tener a mi madre tanto tiempo a mi lado, pero prefería estar con ella que sola. Ese dicho prefiero estar sola que mal acompañada no va conmigo, yo prefiero estar con el enemigo que estar sola. Y no me refiero a que mi madre sea el enemigo, pero luego de vivir algunos años sola y de un momento a otro estar con ella tantos días seguidos me parecía extraño. Aunque ahora que ha pasado tanto tiempo me doy cuenta que hubiéramos podido sacarle el jugo a esos días. Bueno, ya vendrán más hijos.

Mi madre, que es una madre experimentada, esos días me enseñó muchas cosas, como por ejemplo que no hiciera bulla en la casa porque Fausto dormía. Es algo que hasta hoy lo aplico y lo he querido erradicar de mi casa pero es inevitable. Pongo cara de poto cada vez que sabiendo que Fausto duerme, mi esposo golpea las puertas o los cajones, tira los zapatos o usa el baño. Siempre bajo el volumen del televisor casi casi hasta dejarlo mudo y si alguien llama por teléfono y no esta en vibración estoy en el limite de pasar de Dr. Jekyll a Mr. Hyde.

También me enseñó que siempre hace frío, así que tapar a Fausto con dos colchas, prender la calefacción, encapsularlo en su moisés, colocarle doble media, gorrito, mitones y armar una fogata en el cuarto, nunca es suficiente para combatir el frío. Fausto solo salió de casa dos veces en sus primeros treinta días, para su control semanal y para colocarle la vacuna BCG, luego de eso Fausto cumplió arresto domiciliario hasta que llegó su abogado (su papá) y lo liberó. Sin exagerar, solo estaba en mi cuarto o en mi sala de estar. Mi madre me decía que hacia frio y que mejor estaba en su moisés calientito y mi madre tiene más años que yo siendo madre, así que yo le hacía caso.

Y ni que hablar de la luz, si fuera por mi madre nos mudábamos a Groenlandia para evitarla, pero no pues, mucho frío. Así que lo mejor era apagar las luces de la casa, usar blackout en el cuarto y convertirme en búho. Aprendí a utilizar la luz de mi celular para preparar leche y cambiar a Fausto en la madrugada, mi madre hacia lo mismo, porque muchas noches ella se levantaba antes que yo para atender a Fausto, le daba leche, le cambiaba el pañal y lo arrullaba para hacerlo dormir, todo eso sin que yo me despertara porque ella solo quería que yo estuviera descansada. Nunca prendí el televisor del cuarto porque la luz podía molestar a Fausto y mi madre usaba su ipad en la cama casi debajo de las sábanas porque la luz tan intensa podía despertarlo.

Mi madre ayudó a que mis primeros días de madre no fueran difíciles y respecto a estar sin mi esposo me ayudó a no ponerme triste. Lo extrañaba con toda mi alma y deseaba llorar cual Magdalena pero no había un solo momento en que estuviera sola, mi madre siempre estaba ahí y no es queja, todo lo contrario me alegra que haya sido así. Mi madre me ayudo a encontrar fuerza para no sentir tristeza y tomar todo con alegría.

Los días pasaron volando, se le cayó el cordón a Fausto, engordó, dejo de ser achinado, su piel estiró, empezó a quedarle bien su ropa, de 3 onzas paso a tomar 8, ya reconocía mi voz y sin darnos cuenta llegó papá a casa. Mi corazón latía a mil porque ya estaba Frank con nosotros, lo quería besar hasta gastarlo, mi felicidad brotaba por los poros. Quizá si mi madre no hubiera estado a mi lado, hubiera hecho las cosas de otra forma, quizá hubiera llorado todos los días extrañando a Frank, quizá Fausto se me hubiese enfermado porque no lo abrigaba mucho, quizá se hubiera infectado su cordón o hubiera bajado de peso porque le daba poca leche, quizá la hubiera llamado llorando pidiéndole que venga a ayudarme. Así como llegó sin tener que llamarla se fue y confieso que cuando me dijo: «chau» y cerró la puerta, empecé a extrañarla.

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8 Comentarios

  1. !! Qué buena !!
    Mucha razón !!

    Muchas felicitaciones
    Yo tb quiero escribir 😜

  2. Y asi es! Somos Madres y despues nos convertimos en abuelas, y los Hijos Cuando se convierten en madres(sobre todo Elias) miramos de otra perspectiva a nuestras propias madres. Lindo tu articulo Maria Gracia. Saludos Gaby

    • …….sobre todo Ellas..

    • Hola Gaby!, me alegra que te haya gustado el post. No hay nada mas grande que el amor de una madre. Que tengas un lindo fin de semana! 🙂

  3. Que linda historia real parece un cuento Felicitaciones por compartir este lindo recuerdo

  4. No se cual sera tu profesion, Maria Grazia, pero si no es escritora, la equivocaste! Que hermosos relatos todos los tuyos!!! Y que relacion mas linda la que tienes con tu madre ♥

  5. Precioso, no hay mejor tributo que el reconocimiento a ese amor filial, ese de madre a hija, porque somos el complemento, la continuidad de ellas, nuestra madres, ella te enseñó lo que lleva impreso en su adn el AMOR. Bendiciones.

    • Exacto! El amor más puro es el de nuestras madres. Bendiciones para ti también.

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