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Posted by on Sep 29, 2016 in Mamá | 0 comments

Hay una loca en mi casa

Hay una loca en mi casa

 

¿Alguna vez les han dicho que están locas? Son infinitas las veces que a mí me lo han dicho, no solo mi amado esposo, sino también mis hermanos, amigas, incluso mi madre, y si ella me lo ha dicho, es porque algo de loca debo de tener. Durante muchos años, la loca con la que ahora convivo estuvo muy dentro mío, yo diría que paso mucho tiempo desapercibida. Sin embargo bastó un pequeño cambio en mi vida, para que ahora gran parte del tiempo ande suelta por mi casa. La maternidad llegó junto con la locura a mi vida. Pero seamos sinceras, ¿Qué madre no esta un poco loca?

Ahora que Fausto tiene dos años puedo decir que hemos crecido juntos, que estamos madurando en paralelo y que definitivamente fui y sigo siendo una maniática de aquellas, lo acepto sin reproches.

Cuando nació mi hijo mis miedos se incrementaron. Mis manías y acciones preventivas fueron mucho mayores. Los primeros tres meses de vida, Fausto solo salió de casa dos veces, tenía la idea metida en la cabeza que salir era riesgoso para él, ya que el frío de invierno podía hacerle daño. Hasta que un día mi esposo regresó de viaje y de un momento a otro lo expuso a todos los monstruos y brujas del exterior. Yo solo pensaba en todos los gérmenes a los que iba estar expuesto. Sin embargo nada pasó, almorzamos tranquilos, paseamos tranquilos y Fausto sobrevivió sin ningún problema. Así fue que me di cuenta que si salíamos, todo iba a estar bien.

Ya que Fausto no salía de casa, nuestros amigos y familia nos visitaban seguido, pero estaba tan obsesionada con la higiene que absolutamente todos los que entraban a la casa debían seguir los estándares de sanidad, lavarse las manos, secarse con toalla desechable y finalmente desinfectarse con gel antibacterial. Ahora, si querían tocar a mi hijo, otra era la historia. Estaban obligados a usar paños, babitas, o cualquier trapo que impidiera que mi hijo tocara la ropa con la que habían llegado. Mi madre que siempre me sigue la corriente sin renegar, usaba una bata exclusiva para Fausto cuando estaba en casa.

Puedo confesar, que recién cuando Fausto cumplió dos años, empecé a salir de noche con él. Siempre me organizaba para regresar a casa antes de las 7:00pm sea invierno o verano. Un día hice una reunión en la casa y mi gran amiga Pieri llegó con su esposo y su hijo de 10 meses, muy sueltos de huesos con el bebé durmiendo, lo acomodaron en mi casa y se quedaron hasta la 1:00am y se fueron igual de felices. Fue en ese momento donde me di cuenta que quizá andaba un poco loca respecto al horario y que la noche no era tan mala como me lo había imaginado.

He llegado a creer que la loca que vive en mí cada vez actúa menos, pero luego recuerdo mis manías para limpiar todo con alcohol (Eso incluye sus muñecos, bloques, estuches, cajas y tapete) con el fin de prevenir. O el hecho que me desespera que suene el teléfono de la casa pasada las 9:00pm, porque el sonido puede despertar a Fausto. Lo acepto, soy horrible cuando eso sucede. O que hasta el día de hoy no dejo que ningún extraño toque a mi hijo. Mis movimientos para evitar que lo toquen son tan bruscos que termino asustando a la persona.

Mi locura también tiene características obsesivas como acosar a mi hijo. Estoy tanto tiempo a su lado que su sombra se queda corta. Si lo sé, debo darle su espacio, y lo hago cuando estamos en casa. Pero cuando vamos al parque o a pasear a cualquier lado es inevitable no estar a menos de dos metros de él. Solo lo hago como medida preventiva.

Mi locura no solo se basa en aspectos de salubridad y seguridad. Existe una loca consumidora que nació hace más de dos años. Ese que compra cosas que ni sabe para que son. Soy fan de muchos Fan Page que venden productos infantiles. Amo la idea de recibir un cupón de descuento por mi compra, así el descuento sea por S/ 5.00 o así nunca llegue a utilizarlo. Algunas noches antes de dormir me fijo en las ofertas y promociones que tienen los supermercados y me acuesto diciendo: Mañana mismo lo compro. Claro eso nunca pasa. Si estoy paseando por algún Mall y leo la palabra oferta camino cual zombie hasta llegar a la tienda.

Mi locura me lleva a inestabilidades emocionales, como llorar en cualquier momento y sin motivo aparente (Hace poco lloré con el film Batman vs Superman, cuando Superman le dice a Batman que su madre se llama Martha) Molestarme por algo que sucedió hace 5 años atrás. Advertir constantemente sobre como reaccionaría en una situación hipotética. Angustiarme por el futuro, sobretodo ese futuro donde Fausto tiene 25 años y se va de la casa. Mi falta de memoria creo que se debe a que mi locura ocupa gran parte de mi mente. Mi capacidad de distracción esta en su máxima expresión, nunca se que día, ni donde dejo las cosas. Creo que el hecho de burlarme constantemente de mi hijo es en cierto modo una locura. Pero luego de burlarme me siento tan mal que incluso he llorado diciéndome que soy mala madre.

De hecho, crear un blog siendo mamá primeriza, sin ninguna experiencia que me respalde, contando mis anécdotas e historias sin pudor, también es síntoma de locura. Ahora quizá se pregunten ¿Qué hago leyendo a esta loca, maniática, controladora?. La respuesta es simple, y es que entre locas nos entendemos.

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