Categories Menu

Posted by on Oct 17, 2016 in Amistad, Mamá, Vida en pareja | 0 comments

Mi mano derecha se fue

Mi mano derecha se fue

 

Estas tres ultimas semanas han sido las más complicadas de los últimos meses. He vivido en un estado constante de locura y descontrol. Siempre comento que mi día empieza cuando Fausto despierta, nos levantamos temprano y mientras él come, yo preparo el desayuno para los demás, que usualmente se levantan más tarde. Apenas se termina la hora del desayuno, empiezo con el almuerzo. En plena cocinadera siempre me tomo tiempo para, lavar ropa, tenderla, ordenar la casa, arreglar cuartos, barrer, planchar… no, planchar la verdad que no, solo plancho mi cabello. Si alguien quiere la ropa planchada que se la planche o que me pague por hacerlo jajaja.

Hasta aquí, todo parece normal, es lo que usualmente las mamás hacemos, no tiene nada de extraordinario. Sin embargo, confieso que desde hace 3 años cuento con ayuda. Al principio, decidimos que necesitábamos ayuda porque mi esposo y yo trabajábamos, luego yo estuve embaraza y la mayor parte de mi embarazo estuve sola ya que Frank viajaba por largos periodos, luego nació Fausto, yo volví a la oficina y finalmente renuncié, pero no quise que la persona que me ayudaba se fuera.

Recuerdo cuando conocí a Yu, lo primero que le dije es que yo era desordenada y que siempre me olvidaba todo. Ella me respondió que no me preocupara, que ella tenía buena memoria. Yu es la persona más serviciales que he podido conocer. En el ultimo mes de mi embarazo, recuerdo que hacía tiempo en mi cuarto y esperaba a que yo terminara de bañarme, me decía que lo hacía por precaución, tenía miedo que me resbalara. Después de dar a luz, me ayudaba todos los días a colocarme la faja post cesárea, perdí la vergüenza que me viera semidesnuda. Si yo me levantaba de madrugada a comer algo, ella aparecía de la nada a preguntarme si todo estaba bien. Yu es capaz de leer mi mente, sabe lo que quiero antes de yo lo sepa, es la única que me ofrece el desayuno y si sabe que el almuerzo no me gusta, sin que yo le diga nada cocina algo diferente para mi. No sé como hace para encontrar mis lentes o las llaves, recuerda donde dejo cualquier documento. Cuando Fausto nació, se ofreció a cuidar de él. Le pregunté sí había cuidado algún niño antes, me dijo que no. Así que lo único que le respondí, fue que juntas íbamos a aprender.

Ahora ¿Por qué digo que hace tres semanas mi vida esta de cabeza? Es porque Yu, ya no esta conmigo. No ha renunciado, solo se ha ido. Su doctor le ha ordenado descansar y yo le he pedido que le haga caso a su doctor. Que lo que menos debe hacer es preocuparse por nosotros. La verdad es que siempre le digo que la casa no se va a caer por estar un poco desordenada. Aunque hay días que deja de ser “un poco” y se convierte en muy desordenada.

Creo que fue ese el motivo por el cual mi esposo, me dio la sorpresa de sus vacaciones, creo que me vio agotada y decidió ayudarme. Extraño a Yu, sin embargo, estos días que Frank ha estado a mi lado, nos ha ayudado a entendernos más. Estoy segura que ahora comprende que mi cansancio nocturno no se debe al estrés de una presentación o a la preocupación de una próxima reunión con un cliente. Sabe muy bien que organizar mi día para cumplir con las necesidades de todos en la casa, cansa.

Mi día a día con Fausto también ha cambiado, he aprendido a hacer las cosas junto a Fausto, antes las compras de la casa las hacia sola y me daba tiempo de sentarme a comer un postre. Ahora Fausto me acompaña al mercado, banco y lavandería. Aunque resulte un poco más complicado, siempre es divertido estar juntos. Ahora Fausto me ayuda a “tender” su cama, saca la ropa sucia de su cuarto y guarda sus juguetes antes de dormir.

La casa no esta reluciente, pero yo la veo bien. Todos tienen almuerzo a su hora, encuentran ropa limpia en sus cajones, el piso esta limpio, los baños ordenados y las camas tendidas, así que siento que lo estoy haciendo bien. Como dato final, porque así somos las mamás, siempre nos dejamos para el final, debo decir que yo estoy bien, no se como hago, pero al final del día encuentro tiempo para mí. Puedo sentarme a tomar un café con mi esposo y conversar tranquilamente o echarme en la cama y ver un poco de televisión hasta quedarme dormida.

Es verdad, extraño a Yu, pero más que extrañarla, me preocupa su salud, quiero que se recupere y que vuelva pronto a la casa. El trabajo es lo de menos, extraño su compañía. Extraño escucharla renegar por culpa de sus hermanos o que me cuente algo sobre su trabajo en el taller.

Sigue leyendo:

Déjame un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *