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Posted by on Oct 20, 2016 in Amistad, Mamá, Vida en pareja | 2 comments

Hablemos de sexo

Hablemos de sexo

 

He leído muchas veces que la vida de pareja cambia cuando se tiene hijos. Es verdad, cambia. Algunas veces se vuelve aburrida, monótona, escasa, caemos sin querer en la rutina, como pareja nos abandonamos, nos alejamos y perdemos un poco el contacto… contacto físico, lujurioso y pecaminoso. Si mamás, estoy hablando de sexo. Ese momento de placer que muta con el pasar de los años y que en muchos casos vamos olvidando.

Hoy quiero contarle sobre mis amigas y esa obsesión que tenemos de hablar de sexo. No solo hablarlo, entramos en detalles, contándonos aspectos tan íntimos que ni nuestros esposos lo saben. Es imposible no tocar el tema cuando estamos juntas. ¿Se imaginan escuchar las historias intimas de las mismas amigas durante 10 años? Lo más gracioso es que conozco a cada una de las parejas de mis amigas y ellas conocen a mi esposo. Y si, cuando hablamos de esos momentos tórridos y llenos de pasión hablamos a calzon quitao.

 Cuando éramos más jóvenes nuestras conversaciones eran casi siempre graciosas, y no porque nos mofáramos de nuestras parejas, nada más lejos a la realidad. Eran graciosas porque conversando aprendíamos. Muchas de las anécdotas eran nuevas para nosotras. Todas las situaciones eran válidas, aunque resultasen extrañas. No faltaban detalles de nuestros encuentros, casi al punto de llegar a la mímica. Nuestros comentarios siempre eran positivos, una vida sexual completamente activa y satisfactoria. Hay algo que tengo bien claro, las mujeres deseamos tanto como los hombres hacer el amor. Algunas veces hay cosas más importantes que hacer, pero eso no nos impide a tener las ganas de hacerlo.

Una de mis anécdotas más graciosas y digo que es mía porque estuve involucrada. Fue una noche que recibí la llamada de una gran amiga. Ella muy agitada y con voz algo asustada, me dijo muy rápido que estaba en el baño de un hotel con el que en ese momento era su enamorado y que no podía hacerlo, que intentaba pero le daba miedo (era su primera vez). Me llamaba para pedirme un consejo, les juro que yo no tenía mucha experiencia, mi vida sexual se limitaba a un enamorado. Pero mi amiga creía que yo era Rampolla. Solo le pude decir que buscara otra posición. Me colgó sin despedirse. La vi al día siguiente  y lo único que me dijo con una sonrisa maliciosa en el rostro fue ¡Gracias!. Me burlé de ella un mes seguido y hasta el día de hoy imagino a mi amiga encerrada en el baño llamándome por teléfono.

Hemos cambiado con los años, ahora estamos casadas, con hijos. Nuestros comentarios ya no son tan positivos, nuestra vida sexual no es tan activa y en algunos casos no tan satisfactoria. Conversar del tema resulta ser una catarsis para nosotras. Siempre nos quejamos del poco entusiasmo que nuestros esposos le ponen a “ese momento”. ¿Extraño? No, no es extraño. Nosotras mujeres de base 30 queremos que nuestros esposos nos hagan el amor. No todo el día ni a cada hora, pero lo deseamos.

En lo personal, mis encuentros han disminuido, pero es lógico, tengo menos tiempo libre. Muchas veces tenemos la intención de amarnos pero el sueño nos gana. Antes, cuando éramos una pareja sin hijos las horas del fin de semana transcurrían en una cama. Hoy, la mayor parte del día se la dedico a Fausto. Tengo algo de tiempo cuando Fausto se va a dormir. Casi siempre ese tiempo lo dedicamos a los pendientes en la casa. Sin embargo no me quejo, puede que los encuentros hayan disminuido pero la calidad mejora con los años (créanme, tengo una sonrisa picara en este momento).

Mis amigas y las tantas conversaciones juntas me han demostrado que todas cambiamos, que nuestra vida de pareja cambia, crece y madura. A través de los años, hemos descubierto que podemos encontrar placer en otros momentos. Que existen encuentros no sexuales que nos hacen felices y nos dan mucha más satisfacción, es por ello que muchas veces dejamos de lado la parte sexual, llegando a vivir periodos de abstinencia. Sin embargo estoy segura que más de una no se quejaría si en algún momento su esposo la sorprende entrando a la ducha o la despierta de madrugada con el fin de empezar el ansiado encuentro amoroso.

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2 Comentarios

  1. Te felicito buen artículo, no pare de leerlo, soy comunicadora social, y me deje llevar, por cierto identificada, tengo un niño de 4 años. Gracias. Lo disfrute

    • Gracias Rosario, me alegra mucho que hayas disfrutado el artículo. Cariños!

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