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Posted by on Dic 6, 2016 in Amistad, Mamá, Vida en pareja | 0 comments

Te amo por siempre, para siempre y siempre más

Te amo por siempre, para siempre y siempre más

Recuerdo el día que salimos de clases para fumar un pucho, sentados en la banca de cemento. Tu estabas hablando y como siempre yo te interrumpí para decirte que lo que estaba pasando en ese momento yo ya lo había vivido… un Déjà vu. Tu y yo sentados ahí, era una escena repetida. Luego de más de 10 años me pregunto cómo no me di cuenta en ese momento que mi Déjà vu era la señal que la vida me estaba enviando, para decirme: Ese el hombre de tu vida.

Desde que te conozco, solo recuerdo habernos distanciado unos meses, por motivos externos a nosotros. Pero igual siempre te tenía presente. Cada vez que había un temblor te llamaba para que estuvieras alerta a cualquier tsunami porque juraba que vivías cerca al mar. Siempre has sido tan considerado que nunca me aclaraste que estaba equivocada. Tuve que darme cuenta sola que realmente yo vivía mas cerca al mar que tu. Cuando estudiamos juntos eras tu quien cuidaba de mí y aunque no recuerdo muy bien esa escena donde yo me pasé de copas, si recuerdo que fuiste tu quien me llevo a mi casa, me bajo del carro, abrió las dos puertas de mi casa y me dejo en la sala sentada. Era yo quien llamaba a tu casa para despertarte, no existían alarmas de celular, así que yo me encargada que no te olvidaras de los exámenes o trabajos grupales. Es más recuerdo haberte dado aliento para tu examen de matemática ¡Si! ese que jalaste 2 veces.

Fuiste tu quien me ayudó a conseguir mi primer trabajo donde realmente me pagaban por mi tiempo. Fue exactamente ahí donde nuestra gran historia empezó. Luego vinieron otros trabajos, otras reuniones, otros amigos y la vida se encargó de volvernos a juntar. Ya decía yo, tanto tiempo juntos no debe ser coincidencia.

Veo lo que somos y lo que hemos logrado juntos y el corazón se me acelera. He sido feliz contigo desde el primer segundo, con solo verte alegras mi alma. Solo tu has encontrado la manera de hacerme sonreír sin motivo. Hasta el día de hoy me pregunto ¿cómo haces para calmar mis tormentas?. Esos días donde ni yo me soporto, tu me demuestras tu amor incondicional quedándote a mi lado. Mis lagrimas de tristezas desaparecen al escucharte.

Me amas y me aceptas tal y como soy, con mis exageraciones, emociones, gritos, lagrimas y risas. El amor que me entregas todos los días me ayuda a ser mejor. Tu compañía me libera, me deja ser quien realmente quiero ser, sin vergüenzas, sin reproches, sin prejuicios. Puedo equivocarme una y mil veces pero no me juzgas por eso.

Realmente me siento feliz y amada a tu lado. Deseaba decírtelo, no con las palabras más románticas, ni con uno de esos poemas que leo de vez en cuando, ni mucho menos transcribiendo las cartas de amor de Napoleón a Josefina, pero quería que lo supieras. No dudes ni un solo instante de lo que me haces sentir, todo este tiempo solo me has dado alegrías. No creas que porque andas por ahí renegando o siendo el menos romántico, estas haciendo las cosas mal. Despreocúpate, que has hecho de mi una mujer dichosa. Deseo que la vida me regale tiempo, tiempo para amarte de la misma manera, para hacerte tan feliz como tu me haces a mí. Tiempo para disfrutar de nuestra familia y amigos y que ellos disfruten de nosotros.

Te prometo mucho más días de felicidad, mucho más noches de amor. Te prometo largar conversaciones de madrugada acompañadas de un buen vino. Te prometo más música y más canciones dedicadas. Te prometo más noches de películas con una manta para los dos. Te prometo caricias, suspiros, risas, lagrimas, comida caliente, baños tibios… Prometo estar a tu lado siempre, ser tu fortaleza cuando sientas cansancio, tomar tu mano tantas veces como lo necesites, alentarte y animarte en tus momentos de desconcierto y cuando tengas alguna duda prometo estar junto a ti para despejarla juntos.

No me cansaré de decirte lo mucho que te amo y lo bendecida que me siento al tenerte por las mañanas. No me pidas que deje de besarte, porque lo haré hasta el día que deje de respirar. No me pidas que me comporte cuando nos encontremos en alguna calle, porque seguiré saltando cual niña a tus brazos.

He aprendido que estamos vivos para vivir, para no aguantarnos las ganas, para arriesgarnos, para no callarnos, para avanzar con o sin miedo, para arriesgar. Tu eres mi valentía y si en el camino salgo herida, tu me sanas y me vuelves a poner en el camino.

Te amo, por siempre, para siempre y siempre más.

 

 

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