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Posted by on Mar 15, 2017 in Amistad, Mamá | 0 comments

Horacio no es el mejor amigo de Fausto

Horacio no es el mejor amigo de Fausto

 

Hace exactamente una semana Horacio esta en casa con nosotros. Para quienes no saben quien es Horacio, es mi perro, un bichon frise de 6 años y quien esta en mi vida mucho antes que Fausto y Frank.

Ya les he contado que Horacio no vive permanentemente con nosotros por motivos ajenos a nosotros, sin embargo cada cierto tiempo puede venir y quedarse unos días. La ultima vez que vino fue para navidad y se quedo 3 días. Luego de eso dejo de venir casi tres meses, hasta que llegó la semana pasada y convirtió mi casa en un caos.

Ver a Horacio y a Fausto juntos me demuestra una sola cosa. Que mientras mas ama Fausto a Horacio, más odia Horacio a Fausto,. En mi casa la frase “el perro es el mejor amigo del hombre” definitivamente no se aplica.

Se que Fausto es aun pequeño y aunque me mate explicándole que Horacio no es un juguete o que esta viejo como para jugar todo el tiempo, no lo entiende o no me escucha. Desde que despierta de su siesta hasta la hora de dormir, busca por toda la casa a Horacio y cuando lo encuentra, pobre de mi hijito (y me refiero a Horacio) Fausto quiere hacerle cariño, cargarlo, morderle la cola, tocarle la nariz, incluso lo quiere subir a uno de sus tractores y tratarlo como desmonte, lo obliga a permanecer a su lado y si Horacio se aparte o sale de la habitación que estemos, Fausto empieza a llorar desconsoladamente. La reacción lógica de Horacio es tratar de escaparse todo el tiempo de Fausto y esta situación realmente me agota, me estresa a tal punto que he sabido decirle a Fausto que Horacio no lo quiere (claro que segundos después he querido tragarme mis palabras o que me trague la tierra por mala madre)

Horacio es tan tranquilo, tan pasivo, solo corre y salta cuando suena el timbre de la casa, luego parece un peluche, siempre quieto solo exigiendo un poco de cariño. Luego veo a Fausto, todo un huracán, saltando, corriendo, bailando, gritando por toda la casa. Entiendo el entusiasmo de mi hijo y creo que realmente Fausto ve a Horacio como un juguete. Sin embargo veo a Horacio tan estresado y agotado que me da pena tener en la casa.

Todo el día me la paso diciendo: “No le metas ese palo a la nariz, no lo patees, no lo empujes, no vale morderlo, hijito con cariño, hijito no es un juguete” y por el otro lado digo: “pobre que lo muerdas, no gruñas que lo asustas, sal de aquí, quédate en tu cama, deja que te toque”

Horacio los primeros días aguantaba sin reaccionar la tosquedad de Fausto pero desde hace dos días ahora cuando siente que Fausto se acerca quiere morderlo. Claro que mi perro es tan pequeño que si tuviera toda la intención de querer hacerle daño, la verdad es que no lo lograría y solo seria un susto para Fausto. Sin embargo Fausto realmente si le puede hacer daño. Hace dos días le mordió la cola y solo escuche el llanto de Horacio. Cuando me acerque a consolarlo Fausto empezó a llorar también.

Horacio se va a quedar unos días mas con nosotros, porque estoy aprovechando en hacerle sus chequeos anuales y tratamientos de limpieza sin embargo esta situación entre ellos solo me hace desear que se vaya Horacio. Siento que la energía de Fausto lo agota.

Siento también que parte de esta situación de amor-odio se debe a mí. Por un lado esta el hecho que extraño a Horacio y cuando esta en la casa lo beso, lo cargo y esta conmigo en todo momento y quizá eso a Fausto lo desconcierta. Le debo sumar también la poca paciencia que tengo por estos días. Andar sola en casa sin ayuda, lidiando con Fausto todo el tiempo puede que haya acabado con la cuota de paciencia y por ello en vez de enseñarle como tratar a Horacio prefiero apartarlos.

Quiero terminar contándoles que así Horacio no quiera pasar tiempo con Fausto o jugar con él, alguna conexión deben de tener, porque apenas Fausto se queda dormido, Horacio entra a su cuarto y duerme con él, así yo este en otra habitación o el hecho que si Fausto jugando se golpea y llora, Horacio automáticamente se acerca a él y lo empieza a lamer, como brindándole consuelo. Estos días he visto varias veces esa situación y me recuerda los primeros días de vida de Fausto, cuando Horacio no se despegaba de su cuna, donde incluso lo encontré muchas veces dentro cuidando el sueño de Fausto.

Son esos momentos donde pienso que Fausto ya crecerá y aprenderá a tratar a Horacio y le pido una y otra vez a la vida que nos permita estar mucho tiempo con Horacio, para que mis hijos puedan disfrutar sus días juntos. Mientras tanto, PACIENCIA por favor.

 

 

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