Categories Menu

Posted by on Abr 25, 2018 in Uncategorized | 0 comments

Sentirte realmente viva

Sentirte realmente viva

 

Algunas veces me viene a la mente lo que era antes, lo que hacía con mi vida.

Antes, sin hijo, sin esposo, sin una casa que mantener. Recuerdo que pensaba diferente. Recuerdo que mi prioridad era otra. Pensaba mucho en mi trabajo, en mi gran sueldo y si este mes llegaría a mi meta para recibir el ansiado bono. Mi prioridad era mi trabajo y poder divertirme en el camino, pensar en una familia y dedicar mi vida a ello era simplemente un trabajo mediocre para mí.

No tenía metas a largo plazo. Si era lunes lo más lejos que podía ir mi mente era al próximo viernes. Me preocupaba por saber quienes se iban a apuntar al plan del fin de semana o era un gran dilema donde iba a almorzar el sábado.

Tenía tanto tiempo para perder. Podia tomar un café caliente sentada en mi escritorio viendo las hojas moverse frente al ventanal. Podía pasar horas escogiendo ropa interior y sin fijarme si era o no de algodón. Los baños prolongados con mascarillas y exfoliantes eran cosa de todos los días y si deseaba dormir todo un sábado y almorzar a las 6:00pm pues lo hacía.

Todo siempre iba despacio, sin apuros. Levantarse, bañarse, tomar café, llegar temprano al trabajo, salir del trabajo, llegar a casa, cenar, tiempo libre, dormir. REPETIR.

Me sentía dueña absoluta de mi tiempo, de mis decisiones, mi vida era mía y cualquier consecuencia caía sobre mí. Todo era mío y no estaba dispuesta a compartir mi vida con nadie. No sentía culpa por el tiempo, la vida pasaba y no había nada que me hiciera ver que realmente lo que perdía no era tiempo, sino vida.

Ahora veo lo que soy y podría decir con toda seguridad que aquí, ahora, en este lugar no hay MI vida. Los latidos de mi corazón, el respirar, las horas de sueño, los buenos días, las malas noches, las risas, las lágrimas, nada es mío. Todo es de ellos. Acá no hay vida que me pertenezca, sin embargo, yo le pertenezco a ellos.

¡Si pues! Me convertí en madre y ya no hay tiempo para perder, cada minuto despierta cuenta y el tiempo que dedico para dormir, pues no lo duermo como debería. Porque así mi hijo tengo una buena noche, interrumpo inconscientemente mi sueño para poder revisar que él este durmiendo bien.

Cambie mis desayunos con café caliente por desayunos que incluyen besos, abrazos y ataques de cosquillas. Despierto todos los días antes que salga el sol y aunque todas las noches digo que voy a dormir temprano, termino siendo la ultima en acostarse.

Paso gran parte del día recogiendo cosas del piso y aunque trate de mantener las cosas en su lugar, pues resulta, que casi nunca es así. En los últimos años son mas los accidentes que he tenía con un bloque de lego en el piso que con cualquier otro objeto.

Mi mente no descansa en ningún momento, incluso cuando duermo, mi mente sigue activa. Pienso en los pendientes de mi hijo, en los encargos de mi esposo, en los cumples de la familia, las cenas entre amigos, el colegio, el picnic con los amigos de Fausto, las compras de la casa que son interminables, la manera de ahorrar electricidad, agua, gas. Los mil métodos que se me ocurren para que la comida del refri no se estropee. Manejo más de 3 horas diarias para que mi hijo llegue puntual a todo y he terminado por aceptar la rutina de tráfico. Cada cierto tiempo invento recetas y aunque la repostería no es mi fuerte, no me doy por vencida.

Las noches se convirtieron en mi tiempo mas activo, puedo limpiar, ordenar, cocinar, ver de corrido una temporada completa de la serie de moda. Incluso aunque tenga sueño puedo sentarme al lado de mi esposo con una taza de te y preguntarle como estuvo su día, aunque el no me haga la misma pregunta. Soy la que apaga la lampara para dormir y la que enciende el televisor por las mañanas para escuchar noticias.

Ya no pienso en mí, ya no hay un yo en mi vida. Absolutamente todo lo hago pensando en ellos y mis días siguen teniendo 24 horas como antes, sin embargo, siento que no es suficiente y aunque siempre termine rendida no desearía por nada del mundo cambiar la vida que tengo.

Descubrí que todo lo vivido antes de ellos nunca fue importante. Que puedo terminar como una bruja al final del día y con un humor que ni mi madre me aguantaría, pero así todo, no cambiaría por nada; y esta es la verdad: ser madre es realmente jodido pero cada minuto siendo mamá es precioso. No hay trabajo, ni sueldo, ni titulo, ni reconocimiento profesional que se compara con la satisfacción de ser mamá y poder inflar el pecho de orgulloso al sentir que mi hogar esta lleno de felicidad y la mejor retribución que puedo recibir es ese amor incondicional, simple y honesto que recibió tanto de mi hijo como de mi esposo. Un amor lleno de luz, de bondad y fuerza que hace que lo único que quiera es ser  cada día mejor.

Nadie me dijo que mi corazón podía partirse en dos y latir en otros cuerpos.

 

Déjame un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *