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Posted by on Sep 4, 2018 in Mamá, Vida en pareja | 0 comments

Cuando llegue el día

Cuando llegue el día

 

Cuando llegue el día y me pregunten ¿Cómo me fue? Pues diré que todo bien.

Que hubo algunos años malos, donde sufrí, lloré mucho y pensé que no iba a resistir, pero que luego viví unos buenos años, de muchas risas, de tiempo libre para pensar, de nuevas sensaciones y grandes emociones.

Que supe enamorarme, una y otra vez, que entregué mi corazón por completo y que me lo rompieron más de una vez, que me decepcioné por eso y pensé que no iba a volver a amar, pero que llego ese chico de mirada coqueta y ojos vivaces, que se dio el trabajo de no solo sanar mi corazón sino repotenciarlo y llevarlo a un nivel nunca explorado.

Que conocí algunas malas personas y que supe caer en tentación, que me porte mal, que hice cosas que nunca imaginé que haría, que lo recuerdo y me avergüenzo, pero que supe salir, que me di cuenta que ese camino no era el mío. Que con las malas influencias me divertí y aprendí que los limites son buenos y que por ello me alejé, que quise ser mejor.

Que conocí buenas personas, que tuve muchos mejores amigos y que he sido dichosa porque algunos de ellos me han acompañado hasta el final. Que he sabido reír por todo, de lo bueno, de lo malo, pero sobre todo de mí misma. Que los amigos que escogí sin darse cuenta me enseñaron a ser mejor cada día, que he gozado de la compañía de cada uno de ellos, que estoy agradecida porque me han regalado sobrinos a quienes engreír.

Que también supe perder amigos, perder a seres queridos y que mi corazón dejo de latir varias veces por culpa del dolor, que aprendí a vivir con ese vacío, pero que fue mentira cuando dije que lo aceptaba, porque hasta ahora me pregunto porque tuvo que ser así. Que aun extraño a mi abuela, que hubiera querido tenerla mas tiempo y que sé que la vida de mi hijo hubiera sido más divertida con su tío cerca a él.

Que tuve navidades tristes y otras celebraciones que hubiera querido que fueran mejor. Que viajamos mucho y que sigo pensando que es una de las mejores formas de vivir, conocer y ampliar nuestra visión.

Que definitivamente lo mejor que pude hacer en esta vida, es tener un hijo, que es el regalo mas grande que la vida me dio y el regalo más bello que dejo y que me siento orgullosa de él. Que lo he amado como a nadie en este mundo y no hay forma de retribuirle todo lo bonito que me ha hecho sentir.

Que he vivido amando al hombre que escogí como compañero, que me ha hecho sentir orgullosa en muchas oportunidades y que no ha pasado un solo día donde no sienta admiración por él. Que esas noches acurrucados en la sala me hicieron realmente feliz, que disfruté cada uno de sus besos, que mis días junto a él hicieron que mi vida fuera hermosa.

Que siempre supe divertirme, que supe bailar hasta el amanecer, que vi muchos atardeceres, que no me cansé de besar, de abrazar y decir lo mucho que amo a cada persona en mi vida, que supe jugar como niña hasta el último minuto y que algunos de esos juegos me rompieron uno que otro hueso.

Que hubo palabras que me hicieron daño, sin embargo, también hubieron otras que me sanaron. Que aprendí a perdonar, que no dejé escapar ni una sola oportunidad para hacerlo, que siempre di las gracias, que supe olvidar lo malo. Que hice reír a muchas personas y ayudé a algunas a sentirse mejor.

Les diría en conclusión que todo está bien, que he reído mucho, amado mucho, que he sentido amor correspondido, que lloré de felicidad y de tristeza, que sentí soledad, que viví rodeada de personas a las cuales amo, que me equivoque incontables veces, que grité, me moleste, maldije, agradecí, arrepentí, me emocioné, perdí el aliento, corrí, salté, soñé despierta, me caí, me sane, me levanté y nunca deje de avanzar, que cada año vivido he trabajado para ser una mejor persona, que lo bueno de esta vida me hizo disfrutar el camino y que lo malo me enseñó a ser fuerte, a vivir de forma correcta, sacándole el jugo a cada minuto y agradeciendo por cada respiro.

Le diré, que aprendí a amarme sobre todas las cosas y personas, pero que así todo, escogí amar a alguien mucho más que a mí misma: a Fausto, mi hijo.

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Nuestra vida no tiene que ser perfecta, tampoco todo tiene que estar bien. Puedes llorar de dolor, de desesperación, de tristeza, puedes gritar, sentir angustia y desesperación, pero recuerda, no estamos aquí para ser perfectas, estamos aquí para ser felices y ese siempre debe ser el camino que debes escoger.

 

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