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Posted by on Oct 15, 2018 in Mamá | 0 comments

Adiós televisor, iPad y celular

Adiós televisor, iPad y celular

 

La semana pasada a través de mi Instagram les conté que Fausto lleva 21 días sin ver televisión, ni Youtube, ni Netflix, nada de iPad, celular, ni ningún aparato electrónico y sin exagerar, ha sido el día donde más mensajes he recibido, preguntándome cómo, porque y hasta cuando no vera dibujos animados.

Así que deseo contarles de forma más extensa porque decidimos eliminar los dibujos, que pasó en casa que nos hizo cambiar el chip, que medidas hemos tomado, que cambios inmediatos hay en Fausto y hasta cuando durará.

1.- Televisión, YouTube y Netflix en exceso.

Fausto solía ver televisión los fines de semana. De viernes a domingo, cuanto dibujo quisiera ver con la única restricción que los domingos 6:00pm se apagaba la tele. Cuando empezaron las clases dejaba que viera televisión camino al cole, aproximadamente 40 minutos o lo que me tardara en llegar. El uso de celular era común. Casi siempre lo utilizábamos en la calle, cuando salíamos a tomar desayuno, almorzar, cenar con la familia, reuniones con los amigos, cuando íbamos al super, cuando salía de la ducha para vestirlo y secarle el pelo, etc.

Que fácil me la llevaba, ¿no? Al principio no era él quien me pedía el celular, era yo quien se lo daba para poder tener tranquilidad para hacer lo que tenía que hacer en ese momento. Era tan fácil extender el brazo y alcanzarle el celular. Incluso sabía que estaba haciendo mal, pero más podían mis ganas de tener un momento de calma para poder almorzar, ordenar o conversar sin interrupciones con alguna amiga o incluso con mi esposo. No quería ver lo que de verdad estaba sucediendo y el daño que le estaba haciendo a mi hijo.

2.- El domingo que todo cambio.

Fausto es un niño ansioso. Ansiedad heredada tanto de mí como de su papá a eso le agrego que tiene un temperamento agresivo, el cual se lo detectaron cuando tenía 2 años y medio, sin embargo, a través de pautas y constancia de nuestro lado ha sabido controlar su temperamento o por lo menos hasta hace algunos meses, lo hacía muy bien.

De un momento a otro, sin que me diera cuenta, regresaron los gritos, los berrinches descontrolados, los ataques de ira. ¿Se imaginan a un niño de 4 años que habla perfectamente gritar? Gritarme fea, mala, bruja, no te quiero, no te amo, tu no eres mi mamá, vete de mi cuarto, quiero a otra mamá, no estoy hablando contigo… era algo de todos los días. Hasta que llegaron las patadas y sentía que perdía todo el control.

Tan bueno, tan sociable, tan inteligente, hábil en todo aspecto… como en algún momento me dijo su profe “Fausto es el alumno que toda maestra quiere en su clase” y, sin embargo, tenía un huracán descontrolado y lleno de furia en mi casa.

Hace tres domingos Fausto en un ataque de ira, me golpeó, el puñete fue directamente a mi cara, no saben el dolor que sentí, tenía el alma adolorida. No supe que hacer, solo lo alejé y Frank se encargó de meterlo a la cama.

Ese fue el punto de quiebre, me di cuenta que todo estaba mal. Definitivamente entendí que lo que Fausto había hecho era una falta de respeto, también sé que no ha sido mi culpa, sin embargo, sabía que no estaba ayudando a Fausto a saber como controlarse. Ese domingo, recibí el último golpe de Fausto y también fue el último día de televisión, de Netflix, iPad o celular.

3.- Quitar para ayudar.

Confieso que al inicio no supe que el televisor y todos los aparatos eléctricos intensificaban la ansiedad en mi hijo. ¿Qué hay de insano las canciones de la gallina pintadita? Luego de mi primera visita al psicólogo supe que la tele y el celular no eran buenas herramienta, pero ya les dije que para mí era más fácil alcanzarle el celular que realmente prestarles atención a sus necesidades.

Así que olvidarnos de todo este mundo electrónico ha sido el primer gran cambio. Van 21 días sin televisor, ni celular ni iPad ¿Por qué así de extremo? Mi hermano me lo explicó hace tiempo. Los niños se abstraen tanto con estos aparatos, que simplemente al regresar a la realidad no saben qué hacer, tanta información a su alrededor, tanto que sentir que se saturan y por ello explotan.

Como segunda medida, le he dado responsabilidades en casa a Fausto, como poner la mesa, guardar sus zapatos en el ropero, llevar su ropa sucia a la lavandería, sacar a pasear a Horacio y así otros pequeños detalles que me ayudan a enseñarle que en casa hay una autoridad y que debe respetarla, o sea yo. Ya que se sentaba en lo que decía.

Por último y esto es lo más importante. Durante este tiempo le he enseñado que no me necesita para jugar, que puede quedarse solo en su cuarto. Durante todos estos 4 años nunca lo he dejado solo, siempre he estado ahí contemplándolo y si no soy yo, pues su nana, abuelos, tíos, siempre haciendo algo para entretenerlo. Después de 3 semanas digo ¡Que loca estaba! Es tan natural que estén solos jugando.

Al principio nos costó, me buscaba para pedirme que jugara con él, me decía que se aburría, que quería pintar conmigo o a llantos exigirme que este con él. Desde el día uno le dije que no: “Fausto, estoy ocupada, puedes jugar en tu cuarto con tus juguetes, si no te diviertes con lo que tienes avísame para llevármelos y si no quieres hacer nada, puedes aburrirte mirando la pared hasta que yo termine mis pendientes y te busque para jugar”.

Hemos entrado a la cuarta semana y ahora Fausto es capaz de jugar una hora solo y hasta más. No se imaginan cuanto ayuda a los niños que jueguen solos. Es verdad que se aburren, pero es exactamente en ese momento donde su imaginación explota y toda la creatividad sale a flote. Escucho a Fausto crear diálogos y a través de sus juguetes repite todo lo aprendido en el día. Incluso me imita a mí cuando lo corrijo o lo mando a lavarse los dientes.

Hace algunos días fui a la psicóloga porque necesitaba una guía para saber como ayudar a mi hijo a controlar sus ataques de ansiedad o de ira. Algo se me quedó grabado en la mente. Fausto, como muchos niños es una esponjita que va absorbiendo todo, como madre siempre he tenido la paciencia para explicarle todo sin darme cuenta que en algunos casos más que explicación necesita una orden. ¿Un ejemplo?… Fausto es hora de bañarse, ya se que no quieres bañarte pero has sudado y vas a oler feo, encima tienes las manos llenas de tierra con microbios y bacterias minúsculas que si se queda en tu cuerpo…… y bla bla bla. Ahora es solo Fausto es hora de bañarte, te bañas y punto.

Fausto algunas veces me dice que quiere tele, que le de el iPad, el celular y soy sincera con él y le recuerdo que tal día me pegó, que me ofendió y me dolió y que por ello decidí que ya no iba a haber tele para él, porque eso solo lo hacía violento.

4.- La NO tele trae cambios.

Llevamos 21 días sin golpes, sin berrinches que terminen en manotazos, ya no hay escenas en la casa donde el control remoto o algún juguete vuele y se estampe en la pared. Dejó de decirme “mamá fea, mamá bruja” Esos gritos descontrolados que terminaban asustandolo se acabaron y no es que todo sea paz y amor, aun se molesta, reniega y quiere hacer lo que le da la gana, pero ahora la gran diferencia, es que escucha y yo estoy también para escucharlo.

5.- Un dibujo de vez en cuando.

No me niego a ver alguna película, en algún momento lo haremos. Yo también extraño marmotear en la cama viendo una pela de Disney con mi hijo en brazos. Solo que ahora no lo necesitamos y estamos aprendiendo que la tele no es un entretenimiento de rutina. Respecto al celular y iPad, eso si deseo sacarlo de por vida, aunque una nunca sabe y puede que en algún momento lo utilice.

Es difícil, no lo voy a negar, algunas veces quiero darle el cel, o prender la tele. La primera semana es de locos. Hemos suplantado todo ese tiempo que pasaba viendo un dibujo o jugando con el celular, por juegos sanos, como encontrar tal cosa, contar cuantas veces viste esto o eso. Cantamos más que antes, cargo con muchos mini juguetes, lápices de colores y papel para pintar, no sé imaginan cuánto.

Muchas me escribieron a preguntarme ¿Cómo lo hice? Pues el truco es tener harta paciencia, ser firme, dejar que sé aburran, no sentirse culpable, ponerle voluntad y dejar volar toda la imaginación.

 

*Es posible que la imagen esté sujeta a derechos de autor.

 

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