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Posted by on Ago 29, 2019 in Mamá | 0 comments

Día 23: Un día sin Fausto

Día 23: Un día sin Fausto

 

Ayer Fausto me pidió que le diera permiso para irse con su Api. No pude negarme, ya que por más que quería que se quedara conmigo, sabía que iba a estar feliz con mi mamá en su casa.

Aquí mas que contarles lo que hice y no hice ese tiempo que Fausto no estuvo conmigo quisiera contarles sobre estos dos sentimientos, sensaciones que se han apoderado de mí.

Por más que quiero evitarlo me siento mala madre y aquí debo decirles que recibo muchos mensajes diciéndome que no debo exigirme tanto, que es una situación pasajera y que poco a poco todo se ira acomodando y lo sé, pero, aun así, siento que no hago las cosas bien con Fausto, así que por estos días lo que siento es que no soy la mejor versión de mamá para Fausto.

Quisiera darle el tiempo de siempre, gritarle menos, jugar más con él, acompañarlo a almorzar todos los días, bañarlos antes de dormir y acostarlo todas las noches, pero nada de eso es así.

Muchas veces pierdo la paciencia y termino gritándole o mandándolo a su cuarto, cada vez que me tengo la intención de jugar con él, ya sea en el jardín o en el cuarto, nos interrumpe el llanto de su hermano. Igual sucede con la hora de almuerzo y eso me rompe el corazón, ya que siempre digo que nadie debería comer solo y muchas veces me tengo que levantar para atender a Franco. Me esfuerzo muchísimo para prepararlo para la hora del sueño, ya que tenemos toda una ceremonia para dormir, sin embargo, aquí cada vez es mas frecuente que quien lo acueste sea Frank.

Podría mencionarles muchos otros momentos donde realmente me siento mal. Me imagino que ustedes también han pasado por eso, es por ello que ahora que se ha ido con mi mamá tengo estos sentimientos cruzados.

Yo sé que mi mamá me dijo para llevárselo porque ve como estoy, cansada, sin mucho ánimo y que ella este con él es un respiro para mí, sin embargo, es eso lo que me hace sentir mal. Sentirme mejor y mas tranquila al saber que Fausto no esta en la casa. Acaso ¿no es de mala madre, con tan solo decirlo?

Cuando me despedí de ellos y cerré la puerta de la casa automáticamente suspiré y fue un suspiro de alivio. Al subir, sentarme en la cama y cargar a Franco, empecé a llorar. Es verdad, me sentí aliviada al saber que por 24 horas solo tenía que estar atenta a Franco y que Fausto estaba en las mejores manos, pero mis lagrimas eran de frustración ¿En que momento deseé no esta con Fausto?

Luego me calmé, me auto-consolé, le eche la culpa a todo este cambio hormonal, a la falta de sueño y a mi poco animo para el día a día. Realmente sé que no soy mala madre y que no tiene nada de mala decir y aceptar que efectivamente tener tiempo a solas con Franco es lo que necesito para organizarme y respirar un poco.

No estoy enviando a Fausto al desierto sin comida ni agua, esta con mi madre y debería en todo caso sentirme feliz, porque sé que mi hijito disfruta a mil pasar tiempo con ella y realmente mi madre se desvive por Fausto, lo engríe, lo cuida y entretiene tanto que no hay forma de pensar que lo podría pasar mal.

He aprovechado el día para organizar los pendientes del cuarto de Franco, acomodar un poco la casa, darme un largo baño y dormir y me siento renovada. Por supuesto cuando llegó la noche sentí nostalgia de no poder acostar mi hijito, pero es solo un día y mañana estará acá para apapacharlo.

 

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