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Posted by on Sep 10, 2019 in Mamá | 0 comments

Día 26: ¿En qué momento creció tanto?

Día 26: ¿En qué momento creció tanto?

 

Hoy ha sido un día de quiebre, hoy me di cuenta que Fausto ya no es mi hijo pequeño. Ha sido como un golpe directo a la cara, descubrir que realmente es un niño de 5 años, independiente y auto-suficiente (hasta donde los 5 años le dan) y que dejó de ser mi bebé, sin embargo, me he preguntado durante todo el día en qué momento se dio este cambio.

Hasta hace poco yo le escogía la ropa, lo cambiaba, lo ayudaba a lavarse los dientes, lo peinaba y lo cargaba sin dificultad para llevarlo a su cama las noches que se quedaba dormido en la mía y hoy fue tan difícil y complicado cargarlo que en esos segundos que me toman caminar de mi cuarto a su cuarto fueron una eternidad.

Lo contemplé un rato mientras lo acomodaba en su cama, lo veía tan grande, tan largo, me quedé un rato más de lo usual a su lado abrazándolo con melancolía, sintiendo que la vida había pasado robándome tiempo y que recién me había dado cuenta.

Y es que el tener un segundo hijo causa eso. De un solo golpe la vida te demuestra que los hijos crecen y que no hay excepción con ninguno y realmente me duele verlo tan grande. Veo a Franco tan pequeño, tan frágil, tan dependiente de mí y lo comparo con Fausto que casi todo, como comer, dormir, bañarse, pues lo hace solo.

Recién ahora, me he dado cuenta que debo dejar de tratar a Fausto como un bebé, que debo soltarle más la cuerda. No saben como me cuesta, sobre todo porque soy una maniática controladora. Con Franco en caso, he dejado que Fausto juegue sin supervisión. Hace algunos meses atrás Fausto solo iba hasta donde mis ojos lo vieran. Ahora entre Franco y la casa de dos pisos, pues es imposible tenerlo en la mira todo el tiempo, así que he aprendido a dejarlo explorar solo.

Veo a Fausto cargando a Franco, consolando sus llantos de bebé, arrullandolo y me pregunto ¿En qué momento pasó eso? Era yo quien consolaba los llantos de Fausto y ahora cada vez son menos las veces que me necesita a su lado para calmar su dolor o disipar su miedo. Lo veo adaptándose a su rol de hermano mayor con la madurez de sus 5 años y aunque me enorgullece verlo tan grande, también me duele verlo crecer.

Franco llegó a la casa y la vida una vez más de dice a gritos que disfrute cada instante, porque los hijos de un momento a otro crecen y dejan de ser nuestros.

 

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